Tardes de desempleo

January 9, 2007

Nos encontramos frente a la Lehmann, como de costumbre, ninguno llego a tiempo. Adentro estaba él, revisando la sección de sociología, ojeando manuales de Mc Graw Hill. Nos saludos e inmediatamente nos dimos cuenta que la sección de ciencias políticas es mejor. Ojeábamos algún libro de imágenes de Rafael Ángel Calderón en búsqueda de fotos del pacto Figueres-Calderón cuando llegó ella. En sus manos Mrs Dalloway y un bolso. Entre libros y cosas que no íbamos a comprar, como es costumbre, nos fuimos. En realidad es una despedida de soltero poco usual, como suelen ser nuestros esporádicos encuentros. Caminamos varias cuadras al norte, hasta la esquina donde se esconde una panadería y café Colombiano. Una “dona”, una empanada de coco, dos cafés, un té y un pan de canela. Un poco de azúcar y calorías para nuestras malas figuras.

Una gran ventana deja ver a la policía, descansando en la esquina compartiendo mensajes por celular. Adentro nos une la cultura popular del chisme, siempre antes de cualquier bocado. Fulano consiguió un trabajo de setecientos mil al mes, y todos nos preguntamos ¡como lo hizo! Fulana lleva quince años yendo con la psicoanalista, y aunque su inconciente sigue igual, consiguió una buena relación de dependencia, ¿para que sirve el psicoanálisis?

Como él se va casar, seleccionamos una serie de frases que podremos decir en menos de un mes, “te lo dijimos”, “usted ya sabía”.

Al final ni Bratt ni Angelina estuvieron en esa panadería, salados ellos, hacen la trenza de canela más deliciosa que he probado. La señora carga veintiséis años del temido anillo, así que él salio con muchos buenos deseos.

Caminamos hasta el Libro Azul. Adentro aguardan muchos manuales de economía política de la URSS que no se han vendido en los últimos veinte años, TV novelas, Daniel Steel y calcomanías del Che Guevara. Pero el descubrimiento es que el baño apesta, no tiene luz, y su estrechez hace imposible bajar la cadena con el pie. Caminamos entre barberías, pulperías, cerrajerías y llegamos al Erial. De todas las guías de viaje no hay ninguna que me sirva.

En ruta llegamos a La soledad, no la nuestra, la Iglesia donde San Pancracio espera por devotas candelas que iluminan en su honor. Ella le prendió cinco velitas, él tres rojas, yo tres blancas. Como todos los años, le pedimos fervientemente un buen trabajo

3 respuestas

  1. iyorch dice:

    se me antojó una dona =)

  2. Julia dice:

    Duro. Lindo.

  3. manuch dice:

    Duro!!!! mmm hay esperanza!

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